El peregrino insatisfecho

Desde el relato del Génesis nos encontramos fuera del Paraíso, peregrinos por la historia, pero soñando con volver un día a él, nuestra casa natural. Estamos viviendo en el exterior, en el extranjero, con la añoranza de un mundo perfecto, justo y fraterno.
Y nos hemos de hacer una pregunta: ¿quién nos ha dicho que existe ese mundo ideal?, ¿de dónde sacamos la idea de un mundo perfecto y paradisíaco?, ¿de alguien que ha venido a contárnoslo desde fuera? Y si fuera así, ¿le creeríamos?
No, lo sabemos por nosotros mismos, esa añoranza es la semilla que llevamos dentro y nos hace caminar. Es la semilla de Dios en el hombre la que nos empuja, la misma desde Adán y Eva. Abrahán fue el exponente más fiel de esa búsqueda, porque fue fiel a su conciencia, y porque se fió del Dios que la habita.
Nosotros estamos intentando reconstruir esa búsqueda desde una antropología religiosa, haciendo el recorrido del devenir del hombre que se interesa por la divinidad. Sin embargo, uno de los problemas que padece hoy la religión es que hemos aprendido a manejarla tan bien, y usamos a Dios tan a nuestro gusto, como mercancía cultural, que produce violencia y muertos, y deja el nombre de Dios ensangrentado. Sabemos mucho de Dios y en cambio de nosotros mismos, del hombre, no sabemos nada.
Pero los cristianos confesamos que Cristo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, como el resto de los humanos, es Dios y hombre verdadero, es el principio y la meta de las aspiraciones del hombre de verdad. En él sabemos que ese Paraíso al que nos gustaría volver no es otro que la Casa del Padre. Jesucristo fue el gran pedagogo que supo extraer, de unos pobres pescadores de Galilea, el espíritu de Dios que cada uno llevaba dentro.
La sed del Dios verdadero que llevamos dentro es lo que define el hombre de cualquier época y cultura, y mientras no la saciemos nos sentiremos peregrinos insatisfechos.

Juan José Fernández sj, del prefacio del libro, El peregrino insatisfecho, Editorial De Oriente Occidente

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La religión no es una meta, es un camino

limitesLa religión no es una meta, es un camino

Como resumen de ese cambio de perspectiva respecto a la religión, es decir, el paso de una religión de doctrina, moral y culto como valores supremos al de una religión de confianza en nuestro Padre del Cielo, vamos a escuchar al mismo Cristo, en la parábola del fariseo y el publicano. Tiene esta parábola un radicalismo tal que nos sorprende. Jesús acaba diciendo que el fariseo cumplidor volvió del templo a su casa en desgracia de Dios, mientras que el pecador, humilde y sincero, salió del templo gozoso y perdonado

La historia comienza un poco antes. San Mateo cuenta que un día pasaba Jesús con sus discípulos junto a unos trigales, era sábado y se pusieron a arrancar y a comer espigas. Estaba absolutamente prohibido, y eso significaba, para los buenos judíos una trasgresión grave. Como los discípulos ya eran amigos de Jesús, se estaban alejando un poco de la Sinagoga y de la Ley antigua. Unos fariseos que lo vieron le dijeron a Jesús: Señor, ¿no te das cuenta que tus discípulos hacen lo que no se puede hacer en sábado? Y él respondió: “El día de reposo fue hecho para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aún del día de reposo”.

En otra ocasión sucedió algo parecido con un paralítico. Jesús dice a los fariseos que le estaban acechando: “¿Es lícito curar en sábado? Ellos se quedaron callados. Jesús tomó al enfermo, lo curó y lo despidió. Y les dijo: si a uno de vosotros se le cae al pozo una oveja, ¿no la saca enseguida, aunque sea sábado?”. El sábado hay que santificarlo pero para seguir para adelante. Cristo les provocaba, para que se sintieran aludidos, pero como les costaba aceptar este nuevo mensaje, a causa de lo arraigadas que estaban sus tradiciones, en otro relato lleva al extremo la idea de religión. Hemos dicho que religión es lo que nos relaciona Dios, esa cuerda que nos une a Él. Y esa cuerda puede estar hecha con hilos fuertes o débiles.

Se trata de la parábola del fariseo y del publicano: “Un día subió un fariseo al Templo y rezaba así: ¡Señor te doy gracias porque yo no soy como los demás, ladrones, injustos, adúlteros… ayuno, pago los diezmos…”. Era un santo, y cumplía la Ley a rajatabla, pero Jesús sentencia: “Este no bajó justificado a su casa”. Podríamos decir, se fue del templo a su casa en pecado mortal. ¿Por qué? Porque ponía el objetivo de su religión en el cumplimiento de lo prescrito, y esto le provocaba soberbia. Y nosotros nos podemos preguntar, ¿cómo es que siendo piadoso y cumplidor de la Ley no fuera agradable a Dios? Era religioso, cumplidamente religioso, pero estaba unido a Dios por la cuerda afloja. El cumplimiento no le hacía hijo del padre. Hay que cumplir los mandamientos, hacer nuestras oraciones y dirigirnos a Dios, pero de verdad, como expresión de un caminar hacia Él. San Mateo dirá más tarde que serán estos, los escribas, los fariseos y los sumos sacerdotes quienes condenaron a muerte a Cristo. Gente muy fina en lo exterior, pero su corazón estaba lleno de orgullo.

Jesús acepta todo menos la adulteración de la religión, que se consigue cuando nos apoyamos en la doctrina, la moral y el culto como metas. No es una meta la religión, sino un camino. Apliquemos este mismo esquema a nuestra religiosidad: después de dos mil años de cristianismo y gracias a los apóstoles, a los grandes concilios, a los santos padres, a los grandes santos que nos han abierto caminos de espiritualidad y de oración, ¿no quedan restos del judaísmo religioso y cumplidor? ¿Dónde está la enseñanza de la Palabra de Dios y de la Iglesia?

En una de sus últimas homilías, el Papa Benedicto XVI, ha puesto como modelo la forma de rezar de la Virgen y del mismo Cristo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” -decía la Virgen, y “Tu no has querido sacrificios ni ofrendas, sin embargo me has preparado un cuerpo… He aquí que vengo, Padre, para hacer tu voluntad”. El “sí” del Hijo “Vengo a hacer tu voluntad”, y el “sí” de María: “Hágase en mí según tu palabra”, este doble “sí” se convierte en un único “sí”, y así el Verbo se hace carne en María y María es corredentora con Cristo. En este doble “sí” de la obediencia del Hijo y de la Madre es donde Dios nos salva. Y sólo en nuestro “sí” al Padre es donde nuestra vida se hace verdaderamente religiosa, y nuestra religión se hace verdadero camino.

La meta no son los sacrificios y ofrendas, sino un corazón abierto al Padre; aquellos no son más que expresión de esa voluntad nuestra que busca la voluntad de Dios.

Juan José Fernández Ibáñez sj

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El lenguaje religioso y la antiguedad

Celebraciones religiosas primitivas

Si Uds. abren cualquier libro de historia de las religiones se darán cuenta que empieza justamente por donde vamos a empezar ahora. Lo más viejo y antiguo y venerable que arroja la historia de las religiones es que el hombre primitivo practicaba una serie de ritos muy particulares. Eran celebraciones, apoyadas en relatos trasmitidos oralmente, referentes a circunstancias vitales, desarrolladas en forma de danzas. A esto la historia de la religión lo llama “mitos y ritos”. Los ritos siempre responden a lo que narran los mitos, y los mitos son relatos de historias primigenias, pero entendidos como respuestas a esas grandes preguntas que, a partir de acontecimientos normales de la vida, adquieren una proyección trascendente de lo cotidiano, un  valor religioso.

La primera pregunta que deberíamos hacernos es si este material que las culturas primitivas han dejado a la posteridad, material en forma de danzas y fiestas, mitos, ritos y arte tiene algún matiz o tinte religioso. ¿Pueden ser las narraciones míticas, las danzas y el arte, formulaciones de una religiosidad? Sabemos que la religión no es algo constatable, la religión es algo interior y parece que el contenido de estas manifestaciones responden a esa inquietud humana, a esas preguntas y respuestas, a esas idas y venidas entre lo divino y lo humano. La religión no es algo constatable directamente, sino a través de sus manifestaciones externas: monumentos, productos expresivos de un sentimiento. Por eso la historia de las religiones comienza por ellos. Si no tuviéramos estos documentos no sabríamos nada de esos sentimientos religiosos; pero también es verdad que si no hubieran existido esos sentimientos todo esto no existiría. Conclusión: los monumentos no son la religión, sólo su expresión en formas culturales.

Ahora veremos cómo gracias a esos productos se aclara todo el sistema de religión. Por ejemplo, el arte. ¿Qué es el arte? Arte, en toda su diversidad y complejidad, puede ser la poesía, esa forma metafórica de hablar que expresa más de lo que inmediatamente dice. Arte es la música, la danza, la pintura, toda expresión plástica en general. En una palabra, y si queremos apurar la idea de arte o lenguaje expresivo, tenemos que decir que se trata sencillamente del esfuerzo por aludir a una realidad a la que no se puede acceder ni decir directamente. Donde la palabra no llega, lo que la palabra no puede decir, se dice con formas expresivas. Esto es lo que descubrió rápidamente el hombre. Es verdad que nuestros abuelos primitivos no hablaban con un lenguaje tan estructurado como el nuestro, y lo hacían con signos elementales, casi con onomatopeyas y símbolos muy simples, pero también es verdad que nuestro lenguaje, aunque tenga más recursos y esté más elaborado, tampoco puede eliminar los malentendidos. Nos comunicamos por aproximaciones, y nunca estamos seguros de que lo que yo estoy diciendo uds. lo estén entendiendo. Yo sé lo que quiero decir, pero no sé si uds. lo han captado. El lenguaje es ambiguo, dice y esconde, trasparenta y oculta; las palabras transmiten, pero sólo lo que pueden.

Esta ambigüedad es una condición permanente de cualquier forma de expresión, mucho más de aquellas experiencias religiosas profundas. Pensemos, por ejemplo, en una emoción tenida cuando ibas en avión, sentías que aquello se terminaba, lo estabas pasando mal… Cuando lo intentas contar a otra persona te faltan palabras, y el otro nunca llegará a saber lo que sentiste. Hay cosas que experimentamos y no podemos transmitir, y esto ya sucedió al principio de la humanidad; los sentimientos siempre desbordan las palabras, de forma que el hombre siente más de lo que puede decir. Cuando decimos que la capacidad de sentimientos y experiencias en el hombre es infinita, estamos comenzando a hablar de religión.

Así nace el arte primitivo, la danza, los ritos o las pequeñas narraciones que llamamos mitos. Y aquello que quieren decir estas expresiones artísticas, y que hoy tratamos de decir con palabras difíciles, es lo que llamamos religión. Se podría decir que todo arte es religión, todo, incluso la pintura de un desnudo más estridente y sexual, es religioso. El arte es un lenguaje metafísico, y lo que está más allá de la física es territorio religioso. Por eso los físicos actuales ya no hacen física solamente, sino que hacen filosofía de la física, y de ahí pasan a ser teólogos rápidamente.

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El hombre de los graneros llenos

El hombre de los graneros llenos.

El corazón del hombre es un misterio, y una de las características de ese corazón humano es la insatisfacción radical que padece. Nunca está satisfecho del todo, por eso lo definíamos como un corazón inquieto. Es de San Agustín la definición: Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti. Y desde esa inquietud tratábamos de comprender la permanente invitación de Jesús a “nacer de nuevo”.

El cristiano, más que cualquier otro hombre, ha de ser el que nunca se contenta con lo logrado. Para nacer de nuevo no es necesario volver al seno materno, como pensaba Nicodemo. Tampoco se trata del afán de novedades, de lo nuevo por lo nuevo. Es que al cristiano le urge la responsabilidad del futuro.

El hombre nuevo es el que ayer alcanzó una altura y, desde ese peldaño apenas alcanzado ya divisa otro que le espera, y cuando esté sobre él vislumbrará otra cumbre nueva. Siempre hay cumbres nuevas que nos esperan y nos llaman. Pero el hombre que se queda quieto en lo logrado se fosiliza. Estamos hablando del cristiano que siempre ha de caminar hacia lo mejor. No se trata de afán de novedades, sino de una búsqueda constante, que eso es ser hombre de verdad, no contentarse nunca con lo que uno tiene, sino avanzar desde lo que uno ha logrado hacia lo que puede lograr.

Hay un ejemplo que muy significativo en el Evangelio, Jesucristo lo dice muy claro: Había un terrateniente que tuvo una cosecha fabulosa, y ya antes de cosechar se dio cuenta de que no le cabía en los graneros. ¿Y qué dijo? Construiré más graneros y más grandes para almacenar toda la cosecha. Y cuando hubo almacenado toda la cosecha, se dijo: -“Alma mía, come, bebe y disfruta que ya tienes la vida asegurada”. Y Jesús le maldijo diciendo algo así: -Tonto, esta noche te pedirán cuenta de tu vida. ¿De quién será todo lo que tienes? (Lc. 12, 16-20). Ese hombre se había detenido, pensando que ya le bastaba. Cristo reacciona ante esa actitud: -Estás muerto, esta noche te juzgarán. Se está refiriendo al cristiano que, instalado en su cristianismo, ya se lo sabe todo. El mundo está lleno de cristianos viejos que estorban, ya lo dijo San Pablo: “Por estos, el nombre de Dios es blasfemado”, estorban.

Esto mismo dijo el Papa Benedicto XVI no hace mucho, en la misa de inauguración del Sínodo sobre la Eucaristía: los que convierten a Dios en una devoción vacía, le están echando de sus vidas, tanto como los que le niegan. Es mejor un ateo con inquietudes, que un cristiano sin ellas. Es mejor un hombre nuevo que un cristiano viejo.

El hombre es el núcleo donde habita Dios y Dios es el Dios de vivos, no de muertos. Por tanto, no vamos tras novedades, pero sí tras esta inacabable e inextinguible ilusión, como tras una mariposa que intentamos cazar pero siempre se nos escapa… Y así será siempre. Este es nuestro destino y nuestra gloria, caminar.

Sabemos que los textos del Evangelio son siempre sorprendentemente nuevos, y seguirán siendo nuevos dentro de diez millones de años. Y nos sorprenden porque este hombre viejo que somos funciona con paradigmas, con esquemas heredados. Un paradigma es un sistema de pensamiento que filtra la información que te llega, como una especie de criba, que retiene algunas cosas y deja pasar otras.

Por ejemplo, si te dicen: -Dios ha muerto hoy, a las ocho menos cuarto de la mañana… rechazas la noticia. ¿Por qué? Porque sabes que Dios es inmortal… Esto de filtrar lo que interesa y lo que no interesa, lo hacemos todos cada día y en cada momento. Ahora mismo, muchas cosas de las que estamos diciendo, ustedes ya las han rechazado, porque no les va. Cuando se trata del paradigma religioso, el problema se hace delicadísimo, porque si a un niño le enseñas que Dios castiga siempre al niño que se porta mal, eso se le queda en el paradigma y automáticamente pensará: -Dios me espera en cualquier esquina y me va a castigar.

Pongamos el paradigma en positivo. Al niño que lleva una hora enredando en casa le decimos: -Dios está contento cuando tú eres bueno, y el niño entiende que ‘bueno’ significa ‘estarse quieto’. ¡Este es el concepto de ‘bueno’ que inculcamos al niño: no incordiar! Pasemos esto a términos de religión: -Dios se alegra cuando vas a misa, Dios se alegra cuando comulgas, etc. Ya tenemos el paradigma: ser buen cristiano es ir a misa y el mundo está lleno de cristianos que creen que cuando han ido a misa y han comulgado ya pueden devastar el Amazonas o lo que se les ponga por delante, no les importa.

Este es el cristiano viejo y envejecido que, por mantener lo de siempre, como el hombre de los graneros, el “que nada cambie”, para tenerlo así todo controlado, desoye las palabras de Jesucristo sobre el hombre nuevo. El cristiano ha de ser siempre nuevo y alegre, aunque tenga 80 años. La fe cristiana no es una lista de cosas a creer y mandamientos a practicar, pero también, y sobre todo una respuesta libre y amorosa a la voluntad de Dios. La amistad con Dios no deforma nunca al hombre, lo que nos deforma son nuestros apegos. Dios nunca deforma al hombre.

Juan José Fernández sj

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El resplandor de Dios es que el hombre viva

El resplandor de Dios es que el hombre viva

(RV).-

En los dogmas sobre Cristo, además de una verdad intelectual, de comprensión para la inteligencia, hay una propuesta de salvación, de la verdadera salvación para el hombre y para la humanidad entera. Acabábamos diciendo en nuestro espacio anterior que una humanidad que oprime al hombre camina velozmente hacia su destrucción, porque oprimir al hombre es desfigurar a Dios. Y hoy añadimos que una humanidad que afirma a Dios está lanzando al hombre hacia su libertad. Coincide siempre. Cuanto más cerca está Dios, más libre es el hombre, porque Dios es la dimensión del hombre. Cuanto más se oprime al hombre, más se aleja Dios, porque Dios es la dimensión del hombre. La palabra de Dios no es una “palabra” para la inteligencia, es su Hijo encarnado, es la vida del hombre. San Ireneo, un milagro de obispo por lo que supo decir, dijo algo que ni él mismo lo comprendía: “Gloria Dei vivens homo”. “El resplandor de Dios es que el hombre viva”.

El hombre muerto no, el hombre que vive, el hombre inquieto, el hombre que crece, el hombre que desea siempre más… ¡Ésta es la gloria de Dios! Es decir, aDios nadie lo ha visto nunca, pero el resplandor de su rostro sí; le podemos ver en el hombre que trabaja y se afana, que investiga y produce bienestar, en el que enseña y permite crecer… He aquí la palabra de Dios. Cuando Dios quiso decir algo a los humanos, su mensaje no le cabía sólo en palabras, sino que metió toda su palabra, todo su mensaje en “un Hijo”, en la vida humana. No lo acabaremos de entender, pero esto es definitivo: “Lo que hagáis a cualquiera de estos más pequeños a mí me lo hacéis”. Es palabra de Dios.

Si le das un beso a un hombre, le das un beso a Dios. Dios es el inaccesible, a Dios nadie le ha visto nunca, pero la cara de Dios se refleja en la mirada de un niño o en la mano tendida de un necesitado. Lo que hagas al hombre se lo haces a Dios. ¿Conocemos y amamos al hombre? Pues vamos conociendo y amando a Dios. ¿Desconocemos, ignoramos, maltratamos al hombre?, nos alejamos de Dios.

Es verdad que en función de este conocer al hombre han aparecido muchas ciencias últimamente, desde la antropología a la economía o desde la pediatría a las ciencias políticas, y han aportado datos útiles y necesarios; y es verdad también que en ese amar o tratar con dignidad al hombre hemos progresado desde las formas de esclavitud antiguas, pero ¿hemos desterrado la esclavitud de nuestro planeta?, ¿no siguen los asesinatos, desde forma de vida indefensas, -niños, mujeres y ancianos- a inocentes víctimas de la violencia?

¿No será más bien que hemos creído demasiado en nuestros proyectos y en nuestras humanas para luchar contra las cadenas que atenazan al hombre?, ¿en nuestros propios remedios técnicos, científicos, económicos, políticos y sociales? La ausencia de Dios en nuestros planes crea muerte y destrucción; el olvido de Dios permite la manipulación y la opresión. Y nuestra civilización desarrollada cree que cuanto más lejos esté Dios, más libre es para acometer atropellos contra el hombre. Este es el objetivo del ateísmo, desterrar del mundo toda presencia de Dios, porque hipoteca nuestra libertad

¿Entendemos lo que quiso decir el concilio de Calcedonia? Sólo una humanidad que reconozca a Cristo y su doctrina sobre el Dios encarnado, la Palabra de Dios manifestada en un Hijo, está lanzando al hombre hacia su verdadera libertad. Coincide siempre: cuanto más cerca está Dios, más libre es el hombre, Cristo, el Hijo del hombre, es la libertad de los hijos de Dios, porque Dios es la dimensión del hombre.

La frase de San Ireneo de Lyon, un cristiano y obispo del siglo II, “El resplandor de Dios es que el hombre viva”, es la verdadera luz sobre lo humano, porque lo verdaderamente humano es divino. Y San Agustín, en el siglo IV confiesa que, habiendo buscado a Dios por ahí fuera, por el exterior de las culturas y civilizaciones, pudo caer en la cuenta de que lo que buscaba lo lleva dentro, era más interior a él que él mismo. Dios se nos revela, le descubrimos, acaba de ser Dios para nosotros, cuando le encontramos en la vida del hombre.

Nunca sobrepasará esta meta el hombre, y todo lo que haga lo hará en la dimensión de Cristo, el Hijo del hombre, él es la grandeza del hombre. Y todo lo que digamos, lo que estudiemos e investiguemos, no añadirá mucho a lo que cada uno de nosotros lleva dentro.

Y todavía uno se podrá preguntar, ¿será verdad todo esto? Dice el gran maestro e inspirador de estas reflexiones, Antonio Oliver: “No sé si todo lo que hemos dicho es verdad, pero es cierto que me gustaría que fuera verdad. Ese “me gustaría o quisiera” es Dios que, justamente, lo llevas dentro, si no, ¿cómo lo podrías desear? Es Dios en el hombre quien te lo hace desear.

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The man of the full granaries

The man of the full granaries

The heart of the man is a mystery, and one of the characteristics of this human heart is the radical dissatisfaction it suffers from. It is never totally satisfied; this is why it has been considered a restless heart. It is Saint Agustin’s definition: Our hearts are restless until they rest in You. And from that restlessness, we have tried to understand Jesus constant invitation to “be born again.”

Christians, more than any other man, are never satisfied with their achievements. It is not necessary to go back to the mother’s womb in order to be born again, as Nicodemo used to think. Neither is the effort for novelties, of the new for the new, necessary. Christianity is urged by the responsibility of the future.     

The new man is that who, having reached certain height, discerns who is awaiting him; and when he is over him, he glimpses a new peak. There are always new peaks awaiting and calling us. But the man who stays still in his achievements becomes fossilized. We are referring to Christians who always walk towards the best. It is not about the effort for novelties, but about a constant search. A real man is that who is never pleased with what he has and makes progresses from his current achievements to the new ones.

There is a meaningful example in the Gospel; Jesus Christ clearly explains: “There was a rich man whose land produced a bountiful harvest. He asked himself, ‘What shall I do, for I do not have space to store my harvest? And he said, ‘this is what I shall do: I shall tear down my barns and build larger ones. There I shall store all my grain and other goods and I shall say to myself, “Now as for you, you have so many good things stored up for many years, rest, eat, drink, and be merry! But Jesus said to him, ‘You fool, this night your life will be demanded of you; and the things you have prepared, to whom they will belong.” (Lk. 12. 16-20.) That man stayed still, thinking it was enough. Christ reacts before that attitude: – You are dead, this night you will be judged. He is referring to the Christians who, installed in their Christianity, think they know everything. The world is full of old Christians who hinder, as Saint Paul said: “For them, the name of God is blasphemed,” they hinder.   

The same was said by the Pope Benedict XVI not long ago in the opening mass of the Synod on the Eucharist: those who convert God in an empty devotion are actually expelling him of their lives, as well as those who deny him. An atheist with worries is much better than a Christian with no worries. A new man is much better than an old Christian.

The man is the core where God lives, and God is the God of the alive, not of the dead. So, we do not follow novelties, we follow this endless and interminable illusion as trying to hunt a butterfly that always escapes… And it will always be like this. This is our destiny and our glory: to walk.  

We know that the texts of the Gospel are always surprisingly new, and will still be new in ten millions years time. And we are surprised due to the fact that, this old man we are, functions thanks to paradigms, and inherited outlines. A paradigm is a system of thought that filters the information you receive, some information is kept and other is overlooked. 

For instance, if somebody tells you: -God died today at seven forty-five in the morning… you reject the news. Why? Because you know that God is immortal… Every day and every moment, we filter the information we are interested in from that we do not care about. Right now, you rejected many of the things we are saying, probably because you do not care. When referring to the religious paradigm, the problem becomes quite serious because, if you teach a child that God punishes those who do not behave, it will remain in the child’s paradigm and he will automatically think: -God is waiting for me at the corner to punish me.  

Let’s make it positive. To the child that has been disturbing for one hour, we should say: -God is pleased when you are a good boy, and the boy interprets that “good” means “being quiet.” This is the meaning of “good” we instill into the child: do not disturb! Let’s apply it to religion: -God is pleased when you go to mass, God is pleased when you receive Holy Communion, etcetera. Here we have one paradigm: being a good Christian means going to mass, and the world is full of Christians who think that, once they have gone to mass and received the Holy Communion, they are able to devastate the Amazons or anything that were before them, they do not care.

This is the old and aged Christian who ignores Jesus Christ talking about the new man. This is due to his desire of having the same (as the man of the granary), of keeping things unchanged to have everything under control. Christians are always new and happy, despite being 80 years old. Christian faith is not a list of things to believe or commandments to put into practice; it is a free and loving response to God’s will. Friendship with God never distorts the man; we are distorted by our desires of keeping in the past. God never distorts the man.

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El Monasterio de San Zoilo, su colegio

En el Monasterio de San Zoilo en manos de los Jesuitas recibió la formación espiritual y humana.

Según Ambrosio de Morales la fundación de este monasterio, dedicado originalmente a San Juan Bautista, es anterior al año 948. Fue dotado nuevamente en 1047 por los condes Beni Gómez de Carrión, Gómez Díaz y su mujer, Teresa Peláez (nieta de Bermudo II), momento en el que cambió la advocación por la de San Zoilo al ser traídas a este cenobio, desde Córdoba, las reliquias de este santo. Pronto acogió una importante comunidad que Alfonso VI colocó bajo la regla cluniacense. Convertido en priorato alcanzó su mayor relevancia y prosperidad, por lo que los condes de Carrión eligieron este monasterio como panteón familiar.

Levantado en el Camino de Santiago, se caracterizó por permitir a los peregrinos el consumo de pan y vino a discreción, motivo benéfico por el que se hizo famoso. A finales de noviembre de 1219 la princesa Beatriz de Suabia (Elisabeth of Hohenstaufen) nieta de Isaac II Ángelo, emperador de Constantinopla, contrajo matrimonio con Fernando III el Santo. De los primeros edificios monásticos poco queda, a no ser algunos muros y los sepulcros del panteón condal, pues en 1276 el estado del edificio era tan lamentable que fue restaurado. En 1347, iglesia y claustro amenazaban ruina por las avenidas del río, y antes de 1392 el conjunto fue reconstruido.

Sujeto a Cluny hasta el siglo XV, a partir de 1531 se incorporó a la congregación de Valladolid, época en la que comenzó otro momento de esplendor que determinó la construcción de un nuevo claustro y otras dependencias conventuales. En el siglo XV el papa Eugenio IV concedió al monasterio tener abad de mitra y báculo, siendo el último abad Plácido Trevijano, al llegar la exclaustración en 1835.

Tras la exclaustración, se hace cargo del edificio la Compañía de Jesús, convirtiéndolo en 1854 en colegio de educación secundaria. En 1890 estos estudios se trasladan al nuevo Colegio de la Inmaculada (Gijón), y el edificio pasa a ser noviciado,1 En 1959 los Jesuitas lo ceden a la Diócesis de Palencia, que lo destina, en 1960, a seminario menor de la diócesis. Finalmente en 1992 se convierte en el hotel actual.

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Carrión de los Condes, el lugar en el que se formó

Esta es la ciudad en la que se crió bajo la batuta de los padres jesuitas que tenían el Colegio en el Monasterio de San Zoilo.

Carrión de los Condes está situado en el Camino de Santiago, el municipio es conocido por sus monumentos románicos y góticos, entre los que destaca el Pantocrátor de la iglesia de Santiago, una de las cumbres de la escultura románica.

Diversos hallazgos arqueológicos muestran que el lugar ya estaba poblado en tiempos prerromanos. En concreto parece ser que la parte alta de la ciudad, donde actualmente se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, se correspondería con la ciudad vaccea de Lacobriga, posteriormente romanizada y parada importante en la vía romana Aquitania que iba desde de Burdeos a Astorga.

Tradicionalmente se afirma que el nombre de los Condes se refiere a los condes Gómez Díaz, del linaje de los Banu Gómez, y su mujer Teresa Peláez, quienes construyeron en 1047 el convento benedictino de San Zoilo, el puente sobre el río Carrión y un hospital de peregrinos. Sin embargo, no consta el nombre completo Carrión de los Condes hasta el año 1522, en el testamento de Aldonza Manrique. Tuvieron gran importancia para Carrión los Marqueses de Aguilar de Campoo condes de Castañeda, descendientes del linaje real de castilla por el conde Tello de Castilla y de los linajes de la Vega, Girón y Cisneros. De la primera condesa de Castañeda, Aldonza Tellez de Castilla y de su esposo García Fernández Manrique, que fundaron y dotaron el hospital de la Trinidad, fueron hijos Juan Fernández Manrique, marqúes de Aguilar y conde de Castañeda, y Gabriel Manrique, conde de Osorno, quienes fundaron una hermandad con el conde de Treviño y duque de Nájera, su primo, para evitar que la villa de Carrión saliera del patrimonio de la Corona real (realengo) y pudiera llegar a poder del conde de Benavente, Rodrigo Alonso Pimentel (1419-1474), que la pretendía. El Concejo de Carrión renovó este pacto en 1462. A esta hermandad se debe el apellido de los Condes que lleva la ciudad, y no a los renombrados condes Gómez Díaz y Teresa Pelaéz, como equivocadamente se cree.

Durante la Alta Edad Media, Carrión de los Condes fue una de las ciudades más importantes de los reinos cristianos y en ella se celebraron cortes y sínodos.

En este pueblo de tanta raigambre cultural estudió el P. Juan José en el Convento Jesuita de San Zoilo, hoy convertido en Hotel.

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The religious root of the man

 

The religious root of the man

We have undertaken a number of considerations on Christianity, under the title WE FOLLOW YOUR TREAD. The tread is a symbol of search. It seems to refer to the fact of not knowing something, but with the desire of knowing; as those who search for something… Anthropologists track the treads of humanity in order to find where we come from, what our origin is. The only way to learn about our ancestors is by means of remains, objects they have been left to us: a carved stone, a vessel. Neil Armstrong’s tread on the moon is a symbol of a presence that has become an absence, though the track remains. Neil Armstrong is not on the moon any more, but he left his tread; his footstep, the size of his astronaut boot, remains there.

There are many issues to refer to when talking about the tread of a primitive as, for instance, talking about the things he ate –inspecting food leftovers between teeth- or about the height of men who lived in Atapuerca by analyzing the bones we find… however, there are other issues to be considered as whether they were pious, worshiped the Gods, their rituals, etcetera… There are physical and spiritual treads… There are other treads that are more difficult to track, for instance, the treads of the spiritual, the religious in the human being, and the need for transcendence.

Let’s analyze the treads of a God that has embodied, that is to say, the treads God left in Jesus Christ, the full and perfect man. We already know how troublesome talking about God is. AsSaint Johnthe Evangelist says, Christians can do it thanks to God’s only begotten son, who is in the Father’s bosom, Jesus. All we know about God is known by intermediate of Jesus of Nazareth as man.

This is the topic of our space “We follow you treads.” Not only reaching God through Jesus the man, but also through the treads of so many men and women that have been looking for God throughout thousands and millions of years. And in this search, we will face a problem: We cannot talk about God directly; we can only talk about the man in the search for God. In Jesus Christ, the perfect man, we find the last word of God, not about himself but about the man. Talking about Jesus Christ is talking about a man that is God, God and a real man.

We are going through a moment in history in which talking about religion, uninteresting and past issue, seems odd. But this is the problem: every human being, even atheist, is deeply religious because he searches for something, is not satisfied, and keeps on the search… till the infinite. The man, who is never satisfied, keeps on the search, though he does not want to have anything to do with God, he needs and aims at plenitude, God.

And the man, who considers himself religious because he believes in God, will have to be informed of the fact that God is not a religious being because religion is the bond of dependence on a superior being; it is a tying with God; and God is not tied to anything or anybody. God is united with himself; He does not need to be tied. This is why we say God does not have a religion. The only being that, by definition, cannot believe in god is God himself. How is God going to believe in himself, if He owns himself, if He has himself, if He exists?

So, doesn’t God have a religion? God’s religion is the man, man’s plenitude. The religious being is the man; God is not religions. In other words, I believe in God because I walk towards Him. For this reason, God cannot believe in himself; God does not have faith because He has himself. The man has faith.

This is Christianity; it is innovating and revolutionary; and Jesus Christ is the one who will release the whole temple from pagan religiosity. Faith is getting out of oneself towards a different person, different from oneself. And in the case of Christian faith, as said person is the Other with capital letters, God, we say faith is a gift. We can only reach him thanks to the gift of faith. “We believe, for we walk by Faith, with Hope, towards Love,” Saint Paul says. Once we have reached love, we will not need Faith any more. We will talk about Faith the following day. 

We follow you treads. Man is just a tread, but a tread made in God’s own image on the earth.

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En recuerdo del padre Juan José Fernández Ibáñez s.j.

En recuerdo del padre Juan José Fernández Ibáñez s.j.

El pasado 7 de febrero, a los 64 años de edad y 45 de sacerdocio en la Compañía de Jesús; falleció el P. Juan José Fernández Ibáñez, quien fue director de los programas en español de nuestra emisora desde el año 2005. En su incansable y discreto desempeño de actividades, Padre Taché, como aprendimos a conocerlo, produjo, además de numerosas reflexiones evangélicas, dos exitosas series sobre cristianismo: “Seguimos tus huellas” actualmente en onda los lunes en la segunda edición para América Latina, y “El Hijo del hombre”, que se transmite los martes en la emisión para España, y a cuyos files audio es posible acceder entrando en nuestra página Web sección “Programas Especiales”.

En homenaje a su profesionalidad, y con profundo agradecimiento por el bien que en este breve período supo irradiar a nuestro equipo de trabajo, compartimos con ustedes, un archivo audio, fechado en enero de 2007, con motivo de la presentación de la serie sobre cristianismo titulada “Seguimos tus huellas”.

Para escuchar el audio haga clik en la flecha: http://www.ivoox.com/seguimos-tus-huellas-en-memoria-del-p-juan_md_568327_1.mp3″

Fuente:

http://storico.radiovaticana.org/spa/en_recuerdo_del_padre_juan_jose_fernandez_ibanez_s_j

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